Si estás de pie al borde de un silencioso claro herboso en una noche de invierno y miras profundamente en el bosque más allá,  puede que captes un resplandor fugaz de una figura como de duende en cuclillas, que te devuelve la mirada en el brillo de la luz de la luna entre los helechos. Este es Ghob, y su Reino queda en los bosques y las pasturas de la tierra, pues él es Señor del Elemento Tierra, y reside con los animales, bajo la jurisdicción del Arcángel Uriel, su Amo.
Ghob, elemental de tierra
Cuando quiera que se invoque la protección de Uriel, Ghob está de pie silenciosamente a su lado en las sombras, esperando para hacerlo que se le solicite. Juntos dirigen y comandan la masa de tierra, las plantas, y la estabilidad de este mundo en el cual todos vivimos.
Se dice, por quienes cuentan con experiencia, que Ghob es un ser solemne, oscuro, con ojos cautos de afilado cristal, y delicada ropa de helecho laminado, cosido con brillantes hilos de rocío por ocupadas manos de elfos. Sus entristecidos rasgos puntiagudos muestran las cicatrices profundas de los rigores de la vida, causados por entrometidos no invitados: la jungla de hostiles vecinos humanos que comparten su Reino Terrenal.
Ghob, elemental de Tierra.
Este Rey Elemental es mucho más tímido y menos accesible que los otros. Su poder es indomable, y su fuerza no tiene comparación, pero él permanecerá normalmente oculto en los prados secretos y en los bosquecillos donde los humanos no van. Sin embargo, si buscamos muy cuidadosamente y si ganamos su confianza, puede ser que se muestre, a veces asomándose desde la maleza, o quizá casi inmóvil con su espalda contra un tronco de árbol en un bosque al borde de una quebrada.
Hay muchas caras y formas elementales que se pueden ver entre el verdor de la naturaleza, si nos tomamos sólo un momento para sentarnos y fijar la mirada.
Se nos dice que si alguna vez captamos la mirada de Ghob, por un punzante momento, estaremos irresistiblemente atrapados por el fantasmal desconcierto en sus ojos almendrados.
Ghob, elemental de Tierra.
Y de algún modo saborearemos el amargo fruto de la responsabilidad personal que nos incumbe por la ignorancia de nuestra raza, que está tan deseosa de desarraigar y profanar los tesoros ocultos de la tierra de Ghob. Este silencioso y sombrío ser, puede ser tan gentil y protector como un árbol umbrío, o tan protector y pesado como un bosque por la noche. Si escoge hablarnos, su voz es tan quebradiza como el chasquido de una ramita y es a través de estas órdenes abruptas que indica a los Gnomos – los seres elementales en miniatura de su Reino – para que se reúnan a su lado.
Ghob, elemental Tierra.
Estas tímidas y diminutas criaturas más a menudo aparecen ante nosotros en la semblanza de forma humana, a veces delgados como un elfo, o delicados como un hada y a veces pequeños, gruesos y pesados.
Se arrastran de fuera de las formas sin tiempo del roble y la ceniza, del helecho y del arbusto, deslizándose de los pétalos de flores, musitando debajo de un helecho, asomándose desde dentro de los setos, saltando y correteando precipitadamente, caminando y esparciéndose alrededor de su Rey a medida que acumulan confianza y exuberancia.
Ghob, elemental de Tierra.
Se nos dice que si estamos de pie en el campo a la hora de la media noche y escuchamos atentamente, podemos poder oír la charla y la risa de sus vocecitas chillonas cuando trepan por la noche, sus diminutas linternas balanceándose ante ellos, y el zumbido de su cháchara atravesando el aire como una colonia de abejas, atrapadas en un panal, muy lejos, en los bosques distantes.

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